Un día te levantas por la mañana y piensas: ¡Que bien, que feliz estoy! Pero esa misma noche piensas todo lo contrario, la mañana siguiente vuelves a creerte feliz, hasta que llega de nuevo la noche y la tristeza ya ocupó el lugar de esa “felicidad” y así sucesivamente. Entonces te paras y piensas, en realidad no eres feliz, crees que lo eres por pequeños detalles a los que ya no estas acostumbrada que te hacen creerte feliz pero cuando vuelves al mundo real ves que no, que no eres feliz. Que la mayor parte del día te lo pasas con una sonrisa en la cara que tan solo está dibujada, tan bien dibujada que hasta tu te la acabas creyendo, pero cuando miras mas hacia dentro lo único que encuentras es dolor, un dolor acumulado de una cosa y de otra y de otra y de otra más que sólo consiguen volver tu interior negro, apenas quedan colores ya en mi interior.
Por suerte o por desgracia en los últimos años no he conseguido ser feliz, si, hubo momentos bonitos incluso rozando la felicidad, pero solo eso, momentos, los momentos son fugaces, por eso no se quedan mucho tiempo en mi vida. Una desilusión, un engaño, la desconfianza, eso es lo que día a día pasa por mi.
Hasta llega un momento en que pasa tan a menudo que ya lo consideras normal e intentas verle el lado bueno, o a creer que es lo que mereces entonces debes asumirlo y saber vivir con ello.
Cada día intento ir atrás en el tiempo, a cuando era más pequeña, ahí si, ahí si que era feliz, lo mas preocupante del día era si jugaríamos al escondite o al pilla-pilla, si tendría chocolate para merendar o si por fin se abrían secado ya los trajecitos de mis muñecas que mi madre había lavado, y ahora?
Ahora sólo tengo en la cabeza esa gran desconfianza que millones de engaños crearon en mi, otra vez estará con otra? Tal vez no esté en casa como dice? Volverá a no ser cierto que me quiere?
Tantas veces escuché un: “te quiero! Te quiero solo a ti” y luego descubrir esas mismas cosas hacia otras, pero tantas tantísimas veces, que ahora me cuesta creer hasta que es verdad que está cenando, que se va a dormir cuando me lo dice, que se va a clase, que sale con sus amigos, me cuesta creer TODO lo que dice. Quiero confiar, pongo todo de mi parte sonrío y pienso: ¡Puedes! Pero no, no puedo, y me siento mal por eso, me siento mal por no confiar, por querer y no poder, porque mi cabeza me diga: confía! Y mi corazón no m deje hacerlo.
Todas estas cosas son las que cada día tiñen mi interior de negro, las que hacen que las lagrimas me duelan tanto como si me quemaran en las mejillas. Todo me hace llorar, hasta la gente que me transmite alegría, porque me hace recordar que en algún momento yo también sentí de esa manera y ahora ya no se hacerlo.
[Sólo quiero reír, gritar, volver a llorar de felicidad, poder respirar hondo sin que me duela el corazón, sentir tranquilidad, bienestar, y sobre todo… volver a ser yo]
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