Cómo reonocer que fui una esclava,
mi día y mi sueño encerrada,
que aquel Caronte de mi puerta se adelantó,
cuando empezó mi vida se me paró el reloj.
Me eché en la hierba que crece y no coloca,
dejé morir mis sueños asumí que estaba loca,
contando vueltas en las aspas de mi ventilador,
pasé estos dos veranos más frío que calor.
Los sueños sueños son dijo un hombre brillante,
pero discúlpeme yo lo sabía de antes,
no creo en los libros que me dicen cómo debo pensar,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Voy por la calle sorteando las baldosas,
no es por manía, es porque hacerles daño me da cosa,
no creo en la gente que me dice que no hay nada irreal,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Cómo reconocer que fui una esclava,
mi día y mi tiempo olvidada,
bajo la sombra de las flores aprendí a respirar,
mezclaba los colores y en negro fui a soñar.
Los sueños sueños son dijo un hombre brillante,
pero discúlpeme yo lo sabía de antes,
no creo en los libros que me dicen cómo debo pensar,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Voy por la calle sorteando las baldosas,
no es por manía, es porque hacerles daño me da cosa,
no creo en la gente que me dice que no hay nada irreal,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Los sueños sueños son dijo un hombre brillante,
pero discúlpeme yo lo sabía de antes,
no creo en los libros que me dicen cómo debo pensar,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Los sueños sueños son dijo un hombre brillante,
pero discúlpeme yo lo sabía de antes,
no creo en los libros que me dicen cómo debo pensar,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal.
Voy por la calle sorteando las baldosas,
no es por manía, es porque hacerles daño me da cosa,
no creo en la gente que me dice que no hay nada irreal,
y aunque huyo del destino, no volverá a irme mal
miércoles, 24 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
noches de suspiros
La observó durante toda la noche mientras dormía con un sueño agitado en su estrecha cama. Una solitaria linterna que colgaba de una de las vigas de madera de La cabaña iluminaba su figura. El tenue resplandor realzaba el cabello negro y brillante sobre la almohada, sus mejillas suaves y rosadas después del baño.
Cada vez que el mar rugía fuera, en la playa desolada, ella se revolvía en la cama. La camiseta sin mangas se le pegaba al cuerpo, de forma que, cuando la fina manta se le enrollaba alrededor, él podía ver aquel pequeño hoyuelo que se le marcaba en el hombro izquierdo. Lo había besado tantas veces antes…
A veces suspiraba en sueños, luego respiraba con normalidad, más tarde gemía desde algún lugar de sus sueños. Pero si era de placer o de dolor, eso no podía saberlo. Por dos veces, ella había pronunciado su nombre.
Cada vez que el mar rugía fuera, en la playa desolada, ella se revolvía en la cama. La camiseta sin mangas se le pegaba al cuerpo, de forma que, cuando la fina manta se le enrollaba alrededor, él podía ver aquel pequeño hoyuelo que se le marcaba en el hombro izquierdo. Lo había besado tantas veces antes…
A veces suspiraba en sueños, luego respiraba con normalidad, más tarde gemía desde algún lugar de sus sueños. Pero si era de placer o de dolor, eso no podía saberlo. Por dos veces, ella había pronunciado su nombre.
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