-No tengas miedo -le susurré-. Somos como una sola persona.
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan aunténtico. No dejaba lugar a dudas.
Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones neviosas cobró vida propia.
-Para siempre -Concluyó él y después nos sumergimos suavemente en el agua profunda.
woooww Laaaa en cierta manera ahora mismo siento cierta envidia sana, no creo en esos "para siempre" pero sé que quizás algún día esa cierto....un post realmente bonito¡
ResponderEliminarun beso enorme